No ha empezado bien la serie para Miami Heat. Una derrota en su cancha, ante los suyos, en el primer encuentro no es el comienzo ideal que los aficionados de Florida habían imaginado para los suyos. San Antonio Spurs hizo un gran partido. Apoyados en Tim Duncan (20 puntos y 7 rebotes) y Tony Parker (21 puntos, 6 asistencias) aplacaron a los Heat, a los que ni las buenas defensas del final del encuentro les sirvieron para impedir perder el partido. En frente, Dwyane Wade volvió a dar cuenta de su calidad, pero no fue suficiente. Chris Bosh no estuvo acertado en el tiro, se obsesionó con los lanzamientos de tres sin suerte y su defensa en zona al mejor ala pívot de la historia dejó mucho que desear.
El triple doble de Lebron James (18 puntos, 18 rebotes, 10 asistencias) se quedó solo en eso. Para algunos, el MVP de la temporada fue, quizá, demasiado generoso en momentos puntuales del encuentro. Para otros, la estrella de los Heat no asumió su responsabilidad cuando su equipo más lo necesitaba. Pero lo que ocurrió el pasado jueves en el American Airlines Arena es la excepción que confirma la regla, una regla que dice que Lebron James nunca falla en los partidos importantes. La misma ley no escrita que considera al 6 un seguro de vida, el héroe que asume galones cuando las piernas pesan y los balones resbalan entre los dedos.
Los Heat perdieron ante los Spurs la primera batalla, pero esta guerra puede ir para largo. Los de Texas estuvieron correctos, defendieron con intensidad, se mostraron compactos y seguros en ataque. Ahora deben mantener este nivel e incluso mejorar partido a partido. Su objetivo, volver a casa con la eliminatoria 2 - 0 a su favor, lo que complicaría la vida a Miami. Un segundo partido en el que ambos se juegan mucho y donde los locales no pueden fallar. ¿Serán capaces los Heat de igualar la serie?
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