Todos tenemos recuerdos que nos
emocionan. Cualquier equipo, entidad, conjunto, empresa, sociedad o persona
conserva grabado a fuego aquel día que alcanzó la gloria. Un tiempo que vivió
con intensidad en el presente y que, sin saberlo, almacenaría en su memoria
para siempre. No hace falta ser el mejor, ni el más grande. No es necesario
levantar el título ni dominar a tus rivales. No es imprescindible que el resto
de los mortales admirase tu talento, basta con que aquella época significase
algo para ti. Y de estas… Tenemos todos.
Hoy… Repasamos la historia de los
Sacramento Kings.
Desde su llegada a California, en
1985, la franquicia de los Kings tuvo que hacer frente a racha negativa que
perduró en el tiempo más de lo previsto. Su afición estaba entregada con su
equipo, pero los suyos no terminaban de funcionar. La primera década estuvo
repleta de malas noticias, problemas deportivos y ajenos a él, decisiones erróneas
y resultados negativos. Era inevitable mirar de reojo al pasado, incluso a los
años 60 en que “los Reyes” se hacían llamar “Royals”. Nombres míticos
insinuaban que cualquier tiempo pasado fue mejor. De Oscar Robertson y Jerry
Lucas, ya solo quedaban cenizas y odas a su majestuosa obra. En su lugar, los
recién estrenados Sacramento Kings eran considerados uno de los peores equipos
de la NBA.
En los 90 pudo cambiar de dueños,
el modelo de sus camisetas, la forma o el color, pero el equipo seguía en una
dinámica derrotista de la que no conseguía salir. Atado y condenado a seguir aceptando
papeles secundarios en la gran película del baloncesto. Tendrían que esperar
hasta finales de los 90 para modificar todo esto. Los Sacramento Kings dieron
un golpe encima de la mesa y se convirtieron en un equipo sólido, efectivo y,
por fin, competitivo. Un equipo de primera fila, un fijo en los playoffs, en
definitiva, un enemigo incómodo con el que no interesaba cruzarse.
Los protagonistas de este cambio
tuvieron nombres con mayúsculas, no solo para la franquicia, sino para la NBA en general. Aterrizó un
estupendo ala-pívot, Chris Webber, que se consolidó como uno de los pilares más
efectivos en ataque y más duros en defensa. El jugador nacido en Detroit estuvo
siempre muy bien escoltado por dos Serbios que hicieron historia, el pívot
Vlade Divac y el alero Peja Stojakovic. A este trío espectacular solo había que
rematarlo, de ello se encargo Jason Williams, chocolate blanco. Era el hombre
perfecto para rematar la faena. Una pizca de buen gusto, de dulzura a un juego
tan brillante como mecánico, tan estético como arcaico.
Estos jugadores marcaron el
comienzo del cambio. Juventud, talento y ganas suele ser sinónimo de éxito y
fueron los principales responsables de su ascenso. Situar al equipo entre los
grandes era el objetivo. Sin embargo, fue años a comienzos del año 2000 el
momento más especial para Sacramento. Jason Williams, el mago, puso rumbo a Memphis,
pero a cambio Mike Bibby aterrizó en la capital del estado de California. Aquella
plantilla iba creciendo, cada vez la compenetración era mayor, el entendimiento
total y su madurez en pista un hecho crucial que les hacía un equipo muy difícil
de vencer. En estos años, eran ellos los que hacía llorar al resto, los que
ganaban ofreciendo una exhibición.
Fueron estos chicios los que devolvieron a
la franquicia al lugar del que nunca debió salir y sentaron por primera vez a “los
reyes” en su trono. El éxito no llegó a consumarse. El
anillo que evidenciaba que eran un equipo para gobernarlos a todos nunca pudo
formar parte de sus dedos, pero es innegable que fueron parte de la historia
del baloncesto, del mejor baloncesto del mundo.





